La Resiliencia como fondo de armario

Hay dos términos que siempre aparecen en una crisis, la receta de intervención pública de Keynes en momentos en los que el capitalismo entra en descomposición y necesita ser rescatado de sí mismo, y el término resiliencia. Es normal. La resiliencia tiene que ver con la manera con la que nos relacionamos con la adversidad y, después de la crisis financiera de la última década, la actual apunta a convertirse en una adversidad con nombre propio.

Hay innumerables estudios que demuestran el incuestionable valor individual de la resiliencia, pero cuidado con las modas. La minifalda, el jersey de cuello alto o la pata de elefante no siempre sientan bien y, al parecer, este concepto que con tanta fuerza ha vuelto a brillar, funciona mejor como fondo de armario que como un recurso puntual. Desde un punto de vista organizacional se trata más de un clásico que puede y debe trabajarse en el  día a día colectivo, que de un rasgo personal que permita una extraordinaria respuesta individual ante un evento devastador y extraño.

Hay prendas que no sientan bien a cualquier persona lo que, en esencia, significa que no todos nacemos Rafael Nadal ni tenemos la suerte de tener de coach a su tío.

Un rasgo es algo que está inexorablemente unido a la personalidad. Un rasgo se tiene, una competencia se trabaja. Desarrollar competencias a partir de determinados rasgos, acelera, pero a partir de otros, dificulta o retrasa. ¿Se puede trabajar la resiliencia en la madurez? Sí, pero obviamente es más complejo y nadie puede garantizar si esa mejora puede alcanzar un 3% o un 10%. Nadie.

La gran ventaja de la construcción grupal de la resiliencia no es solo la posibilidad de elevar esta extraordinaria capacidad a toda la organización, sino que, en el propio proceso de desarrollo y construcción, contamos con un extraordinario aliado que no tiene el proceso individual: la poderosa influencia que ejerce el grupo sobre el individuo. Al ser humano le salta el airbag adaptativo en cuanto interacciona. Es un extra que viene de serie, sobre todo si ese grupo tiene especial significado para la persona; y, entonces, la comparación, la imitación, la empatía hacen su trabajo y multiplican las probabilidades de éxito.

¿Cómo se construye la resiliencia grupal? De entre las estrategias existentes hay dos que enlazan directamente con las llamadas soft skills y que todo líder que se precie debe tener o querer aprender, la estrategia relacional, que se basa en la capacidad del individuo para generar relaciones sostenibles a largo plazo y la emocional.

El adecuado manejo de las emociones no solo es importante en la construcción de la resiliencia porque nos permita saber elegir y expresar o suprimir las emociones en momentos de elevado estrés, sino porque nos posibilita colocarlas al servicio de nuestra inteligencia. Un equipo resiliente será capaz, ante situaciones complejas y no previstas, de ampliar el alcance del pensamiento y de la acción, reinterpretar las situaciones estresantes y desarrollar un significado positivo en medio de la adversidad; y, si algo ha encontrado la literatura científica como extraordinariamente funcional para desarrollar resiliencia grupal, son las emociones positivas.Experimentar emociones positivas dentro de un grupo permite construir patrones de pensamiento particularmente inusuales, flexibles, creativos y abiertos a la información. Es decir, resilientes. También promueve y facilita ese comportamiento extraordinario que va más allá de los desempeños formales, como echar una mano a un compañero cuando lo necesita o hacer sugerencias de mejora sin que nadie nos pregunte.

Hay muchas maneras de construir proactivamente experiencias que generen emociones positivas para los miembros de una organización. Una empresa que, por ejemplo, permite a sus empleados obtener significado y satisfacción de su trabajo, está trabajando en ello. Una organización que promueve la inteligencia emocional en el trabajo (tanto a nivel individual como colectivo), también.

Los cambios vividos durante estas dos últimas décadas han llevado a las organizaciones a reestructurar el trabajo en torno a los equipos para permitir una respuesta más rápida, flexible, y adaptable a lo inesperado. El grupo es la nueva unidad de medida, el auténtico patrón oro desde el que debe partir la reorganización de la organización. Sin embargo, aunque los miembros de la organización hayan sido entrenados, seguirán buscando en sus líderes la tranquilidad o el apoyo para pensar de forma positiva en los momentos adversos. En este sentido, y en ese momento, el ejercicio del liderazgo sigue siendo crucial.

¿Alguien imagina un anuncio de trabajo que empezara diciendo “Se buscan personas cargadas de emociones positivas”? Es cierto, las emociones positivas no construyen puentes colgantes ni realizan intervenciones quirúrgicas, pero sustentan relaciones, crean vínculos, multiplican y atraen talento y, como acabamos de ver, construyen a medio plazo resiliencia grupal. Ese material con el que se fabrican las tablas que surfean las crisis y del que están hechos los sueños.


José Antonio Gutiérrez:

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